Palabras que alejan

Hace unos días, durante una sesión en la que hablé sobre comunicación noviolenta, les contaba a los asistentes que hay una serie de palabras que no se usan en esta clave de comunicación. La razón es muy sencilla. Pronunciar estas palabras suele producir el efecto de alejar a nuestro interlocutor. Uno de los participantes, días después, se puso en contacto conmigo a través de Linkedin, porque quería saber dónde encontrar un listado con esas palabras “prohibidas”. Hasta donde yo sé, ese listado no está publicado como tal. Por eso (gracias por la pregunta, Pablo Fernandez Cid) escribo hoy este texto.

Ahora que lo pienso, igual podría agruparlas en categorías.

tenor

Las generalizaciones:

“siempre”, “nunca”, “jamás”, “todo”, “nada”, “cada vez que…entonces…”

Cuando utilizamos este tipo de expresiones, muchas veces (ja,ja… qué paradoja…. acabo de generalizar), el que nos escucha interpreta que solo estamos viendo una parte de lo que estaba sucediendo. Y suele pasar que, aunque haya cosas que pasen con frecuencia, generalizamos con este tipo de palabras, y eso nos aleja del otro, que puede que reciba estas expresiones como un ataque o juicio hacia él.

Por ejemplo “siempre estás con lo mismo”, es una frase que en sí misma contiene muy poca información, y además sugiere una sensación de hartazgo, que el otro percibe claramente. Una propuesta para sustituir esta expresión sería “hemos hablado de tu preocupación en torno al tema X todas las tardes de esta semana, y me siento un poco impaciente cuando te oigo sacar de nuevo el asunto, porque me gustaría comentar otras cosas contigo, ¿cómo estás con esto?. Puede que el otro se de cuenta y acceda a tratar otro tema, o que diga que es algo que le tiene muy preocupado y que quiere seguir hablando de ello. Cuando escuches esto, mi propuesta es hacer un reflejo sobre lo que crees que está sintiendo y necesitando el otro, y luego hablar de lo tuyo. Por ejemplo “veo que no te parece bien cambiar de tema, imagino que de verdad estás muy preocupado con ese asunto y que necesitas compartir, comentar, y tener claridad en torno a que podemos hacer al respecto, ¿es esto?. Una vez haya respondido, puedes decidir darle ese espacio de nuevo,  insitir en que para tí también es importante tratar otros temas y que quizá sea más sencillo para tí escucharle, si tienes la sensación de que hay equilibrio en cuanto a la elección de los temas que tratáis.

La que anula lo previo:

“Pero”

“Querria haber ido pero mi coche se estropeó” suena un poco a excusa.

“Estoy de acuerdo pero…..” suena a no estoy de acuerdo.

Da igual lo que hayas dicho antes del “pero”, lo único que centra la atención del oyente es lo que viene después. Se dice que el “pero” anula lo anterior. De esta forma, a mi interlocutor le habría sonado ligeramente distinto si le digo “estoy de acuerdo y al mismo tiempo creo que también sería posible…”

La propuesta es cambiar el “pero” por “al mismo tiempo”,  “y” o “a la vez”.

A esto se añade otro efecto demoledor del “pero”, que es el de imposibilitar opciones que expresadas de otro modo, serían posibles.

Por ejemplo “quiero salir pero tengo que estudiar”, podría transformarse si dijeras “quiero salir y tengo que estudiar”. En el segundo caso, solo la formulación abriría un espacio de posibilidades sobre cómo podría organizarme para hacer ambas cosas, o bien sobre qué elijo hacer primero.

La que transforma obligación en libertad:

“Tengo que” suena a obligación.

“Quiero….” o bien “elijo…..” destilan libertad de elección.

Y lo cierto es que “tengo que ir a trabajar”, suena muy distinto si lo digo así “elijo ir a trabajar porque, no siendo lo que más me gusta hacer en este momento, quiero obtener un salario a fin de mes” .

“Tengo que hablar con ella” suena de otro modo si digo “quiero hablar con ella”.

“Tengo que hacer esta tarea en el trabajo” suena diferente si digo “elijo hacer esta tarea porque, aunque no me apetezca, no quiero asumir las consecuencias que podrían derivarse en caso de no hacerla”.

La que culturalmente asociamos con algo bueno, y al mismo tiempo suena dura:

“Respeto”

Esta es muy especial. La palabra respeto tiene por un lado una acepción maravillosa, y no tengo nada que objetar.  Y según tu tono de voz y lenguaje corporal al pronunciarla, a veces se puede decir sin que produzca el efecto que voy a explicar a continuación. La palabra respeto se ha usado de manera dura y casi como arma arrojadiza, sobre todo en lo que tiene que ver con la relación con los mayores, o la figura de autoridad.  Por ello creo que al reclamar respeto, hay algo en el interlocutor que se eriza; porque le lleva a un lugar en el que la petición de respeto se oye como una exigencia. Mi palabra sustituta es “consideración”, o bien “ser tenida en cuenta”.

Las que confunden opinión y hecho:

Los juicios u opiniones formulados en formato hecho, o sentencia. Por ejemplo “hace mucho calor”, en lugar de “tengo mucho calor”, “eres muy impaciente”, en lugar de “desde mi punto de vista te estás mostrando muy impaciente”, “has llegado tarde” en lugar de “habíamos quedado a las 11h y has llegado a las 11,20h”.

Pensamientos y peticiones disfrazados de sentimientos y necesidades:

“Siento que” no va seguido de un sentimiento, sino de un pensamiento. Del mismo modo “necesito que” no es una necesidad, sino una petición.  En un par de ejemplos se ve muy facilmente.

“Siento que las cosas no van bien entre nosotras”, en formato comunicación noviolenta sería “creo que las cosas entre nosotras no van bien y me siento preocupada, o triste o enfadada”.

“Necesito que me escuches” en formato comunicación noviolenta sería “necesito expresarme y compartir lo que estoy pasando y me gustaría que me escucharas, ¿es posible para tí?”.

Usamos “siento que” y “necesito que” porque, aunque sea de manera inconsciente, deseamos manipular en alguna medida al otro. Y parece que lo sentimos y necesitamos más si disfrazamos pensamientos de sentimientos y peticiones de necesidades.

Peticiones de  reflejo que bloquean al otro:

Una petición de reflejo consiste en pedirle a la persona con la que estás hablando que te diga lo que ha escuchado. La palabra que en este caso te propongo que no uses es “repetir”.

Es decir, si yo te digo algo, y quiero comprobar que tú has escuchado lo que yo quería transmitir, puedo decir “¿podrías repetirme lo que te he dicho?”. En ese caso, la persona probablemente se quedaría en blanco, o casi, porque repetir suena a decir palabra por palabra, y se recibe como una encerrona de la que es difícil salir airoso.  La propuesta sería: “¿podrías decirme con tus palabras qué has escuchado?”. Esto, aunque sigue siendo atípico, (no olvidemos que esto de la CNV le suena algo raro, a priori, a la mayoría) no estresa del mismo modo a la persona a la que se lo pides.

También ayuda poner encima de la mesa lo que intuyes que piensa el otro, siempre en formato hipótesis. Es decir, “imagino que te suena muy raro que te pida esto, no dudo de tu capacidad para entenderme, es que no sé si me he expresado con claridad, y de verdad me importa mucho hacerte llegar este mensaje. ¿Sería posible para tí decirme qué has escuchado?.

Ojalá haya sido clara en mi expresión, las palabras se me salían por los dedos a raudales.

¿Te animas a compartir qué palabras te alejan a tí?

Hasta pronto,

María

 

 

 

 

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