Escuchar desde la empatía

Escuchar a alguien que se encuentra en un lugar oscuro, difícil, incómodo, desde la empatía es algo poco habitual. Más bien nos enseñan a escuchar desde la simpatía, entendiendo esta como esa actitud en la que cuando te oigo hablar de algo doloroso, intento sacarte de ahí, por todos los medios. Ya escribí sobre esto hace unos meses  en el texto Amor loco .

Hoy me gustaría ofrecerte un contenido práctico, por si te es útil en algún sentido.

¿Cómo escuchar desde la empatía? es más sencillo que todo lo que hacemos, sólo requiere desaprender un poco y soltar esa necesidad de sacar al otro del lugar en el que está. Porque la empatía va de aceptar. Porque como dice Antonio Guijarro, maestro de la escucha activa, “lo mejor que puedo hacer por tí es dejarte ser en lo que estás siendo”… y del mismo modo “lo mejor que puedo hacer por mí es dejarme ser en lo que estoy siendo”.

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Aterrizando la idea por tanto, hay cuatro cosas que puedes hacer para escuchar asi:

  1. Quedarte en silencio
  2. Apaga la radio mental, es decir, no pienses lo que vas a responder. Limitate a escuchar y observar al otro. Si se cruza algún pensamiento déjalo pasar.
  3. De vez en cuando haz un breve resumen de lo que has escuchado, para que comprobéis que le estás siguiendo. Si te responde con algún matiz, no se lo discutas, recuerda que la autoridad sobre lo que dice la tiene él/ella.
  4. Cuando observes que ya se ha expresado pregunta ¿puedo hacer algo por tí?.

Sólo intenta sintonizar con lo que el otro está sintiendo. Respira a su ritmo, observa su cuerpo.

Parece sencillo, sin embargo tenemos tan automatizadas las respuestas de la simpatía que al principio cuesta contener el impulso. Antonio Guijarro propone un listado de cosas que no debes hacer si quieres escuchar a alguien en un problema. Mi amiga Irene Gómez ha añadido una que me parece una aportación genial (la número 13). Vamos allá con el listado de los 14 malditos de la escucha empática:

  1. Ordenar, dirigir, mandar. El típico “tú lo que tienes que hacer es….”
  2. Amenazar o prometer. “Si no dejas de llorar te voy a dar razones de verdad para que llores” o bien “si dejas de llorar te doy un caramelo”
  3. Sermonear, basándote en una autoridad desconocida que estipula alguna verdad absoluta. “a los mayores hay que respetarlos”
  4. Dar lecciones, en virtud de tu propia experiencia. “deberías estudiar porque…..”
  5. Dar consejos, que aún no te han pedido.
  6. Dar ánimo o consolar, porque te quiero sacar de donde estás, ¿por tí o por mí?…porque no soporto verte así.
  7. Contestar con un “a mí me pasa lo mismo…o más”
  8. Estar de acuerdo, porque entonces te doy la razón porque yo estoy de acuerdo.
  9. Estar en desacuerdo, porque entonces te quito la razón porque yo no estoy de acuerdo.
  10. Preguntar para tener yo más información, y quizá esto te lleve a contar cosas que no estabas queriendo contar, o desvíe tu foco.
  11. Cuestionar lo que dice el otro, “no será para tanto….”.
  12. interpretar lo que dice, “ya, pero eso lo dices porque……, te conozco”.
  13. Terminar sus frases, que es otro modo de interpretar.
  14. Cambiar de tema tratando de desviar su atención.

 

Todas estas cosas las hacemos con total normalidad en muchas ocasiones, solo te propongo que si quieres escuchar a alguien desde la empatía, te limites a hacer las cuatro del principio del texto. Y observes qué sucede.

Y si te animas a contármelo me gustará mucho leerlo.

Gracias

María

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