El abrigo rojo

Mi hijo tenía un abrigo rojo que estaba roto y fuimos juntos a comprar otro. Visitamos varias tiendas, se probó distintos modelos y eligió uno azul.

Al día siguiente era el concierto de navidad en el colegio de mis hijos. Y después de eso, él iba de excursión a un vivero, al aire libre, el resto del día.

A mí me habían invitado  a dar una charla en un despacho de abogados precisamente ese día. Era una oportunidad profesional y un reto, y elegí atender la invitación y por tanto perderme el concierto.

Volviendo a la noche anterior, todos los elementos que acabo de contar flotaban en el ambiente…los nervios de de ellos y míos por los acontecimientos del día siguiente, mi enfado por no poder estar en dos lugares a la vez, el de ellos por que yo eligiera no ir al concierto, mi tristeza por no acompañarles, la suya por la misma razón… y además la hora de acostarse, momento en el que a veces tengo la sensación de que las rutinas se alargan y mi paciencia se acorta. Todo en la coctelera.

En ese momento, entre lávate los dientes y vamos a contar el cuento, me dice:

-“mañana me voy a poner el abrigo rojo”

Y yo: “¡pero si está roto y acabamos de comprar uno nuevo!, además mañana va a hacer frío y vas a pasar la mañana de excursión.”

Él: “ya, pero yo me quiero poner el rojo”

Yo:”si, ya me lo has dicho, pero está roto y vas a pasar frío, y si no te abrigas bien te puedes poner malo”

El: “es que me molesta la capucha del azul y se la quiero recortar”

Yo  (ya con tono impaciente): “acabamos de comprar el abrigo y si hacemos eso lo estropeamos”

El: “pues si no me dejas ponerme el abrigo rojo mañana voy a hacer que todos lleguemos tarde.”

vito

Después de cuatro intercambios más en esta línea, y un enfado creciente por parte de ambos,  él se encerró en su cuarto y yo me fuí a contarle el cuento a sus hermanas con un nudo en la garganta, las mejillas ardiendo y la mandíbula apretada.

Una vez terminado el momento del cuento, llamé a su puerta y pedí permiso para entrar:

El: “no entres”

Yo “es que te quiero decir buenas noches”

El: “pues yo no”

Yo: “anda, déjame pasar”

El (en voz bajita): vale

Entro y al acercarme a él, se fija en mis ojos y pregunta:

“mamá, ¿has llorado?

Yo: “pues todavía no, pero tengo ganas. ¿Sabes por qué?, cuando hemos discutido antes me he sentido enfadada, triste y muy frustrada porque no conseguía que comprendieras que quiero que te pongas el abrigo azul, porque quiero cuidarte, y evitar que puedas pasar frío, porque te quiero y quiero protegerte. Y todo esto que estoy aprendiendo de la comunicación no violenta, y que le cuento a tantas personas, y uso en mi trabajo, a veces, con las personas que más me importan, que sois vosotros, no me sale como me gustaría, y me impaciento y no sé cómo hacerlo…

El: “pues así mamá, como lo estás haciendo ahora”.

Después de eso, y de haber dejado mis lágrimas rodar libremente, nos sonamos los mocos juntos, nos reimos, nos abrazamos y nos dimos las buenas noches.

Al día siguiente se puso el abrigo azul sin más, y se despidió diciéndome:

“que te lo pases muy bien en tu charla mamá”.

Dejo el análisis en clave “radiografía CNV” para el siguiente texto, porque de ésta situación se pueden extraer muchos aprendizajes.

¡Hasta pronto!,

María.

 

 

 

 

 

 

6 comentarios sobre “El abrigo rojo

  1. Ojalá supiéramos encontrar las palabras adecuadas para comunicarmos mejor. Está visto que necesitamos profundizar más en el autoconocimiento y en ese recorrido encontraremos el camino hacia nuestro interior y hacia la autenticidad. Controlamos tanto nuestras emociones que se nos olvida incluso lo que sentimos y ni siquiera somos capaces de ser conscientes de ello. Se necesita también hacer un ejercicio de humildad cuamdo nos referimos a nuestros hijos porque adoptamos una autoridad no cuestionada por ser adultos y es evidente que ipodemos aprender de todos. Hasta q no llegas a descubrir y expresar cómo te sientes al oyente, en este caso a tu hijo, no le das la oportunidad de entenderte, lo q pone de manifiesto q la mala comunicación procede del emisor y no del receptor. Parece a simple vista muy sencillo pero practicar la CNV debe ser un ejercicio bastante arduo. Me gustaría, María, que me aclararas qué papeles juegan en la CNV la agresividad, asertividad y pasividad. Te quedaría muy agradecida. Gracias.

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    1. Hola Cristina,
      la agresividad, la asertividad y la pasividad, desde mi punto de vista, son tres modos de violencia. La primera es evidente, sin embargo al segunda y la tercera son violencia en sentido más sutil. La asertividad, tal y como veo que se practica, el algo parecido a un “sincericidio”. Es algo así como aprender a decir claramente lo que me pasa por la cabeza, sin filtros, porque hay que ser honesto.A mí me falta ahí la intenciónde cuidar no sólo mi honestidad sino también las necesidades y emociones de quien tengo enfrente. La pasividad es una forma de violencia quizá contra uno mismo…no sé, habría que analizar la situación, pero en cualquier caso, entiendo que denota dejar de hacer algo cuando querrías o podrías hacerlo y que de ello se derive alguna consecuencia. En fin, nos daría para una larga conversación!
      Con respecto a lo que decías de los padres e hijos y la autoridad estoy de acuerdo, el modelo tradicional es de autoridad basada en la jerarquía y en muchos casos en el premio y el castigo….es decir en el miedo. Yo creo en una relación en la que como madre, soy consciente de mi responsabilidad y al mismo tiempo considero que mi relación con mis hijos se mueve en un plano horizontal y de respeto de igual a igual, porque como seres humanos somos iguales.
      Practicar CNV con los hijos es, como con cualquiera, más difícil al principio. Sin embargo ellos no tienen tantos prejuicios como los adultos y lo escuchan más “sintonizados”.
      Gracias por participar!!! un abrazo
      María

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  2. Gracias María por compartir tus reflexiones con todos.
    Se que es muy arriesgado, desde mi ignorancia y poca práctica en CNV, afirmar que resulta muy frustrante cuando encuentras un interlocutor “sordo”.
    En mi vida personal encuentro interlocutores receptivos y es muy gratificante intentarlo una y mil veces porque resulta fácil cuando alguien “quiere” entenderte, pero, ¿qué pasa cuando a la persona que tienes delante sólo le une a tí la obligación? Hablo del entorno laboral por ejemplo ¿qué hacer? seguir hasta la extenuación? Sé que no hay recetas mágicas pero resulta tan sumamente duro que siendo consciente del esfuerzo que supone, no haya ningún efecto visible.
    Es una pena pero resulta que, al menos en apariencia, la agresividad o la asertividad en los dos extremos, al menos es más visible a veces….
    Gracias por tus palabras, me emocionan siempre.

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    1. Sandra,
      vas a encontrar muchos interlocutores “sordos”, desde luego al principio. También puede que encuentres a quien le siente peor que le hables usando la CNV que si le estuvieras juzgando. ( en plan ¿te crees Gandhi porque hablas así??)
      En los primeros meses de práctica ayuda centrarte en esas personas que están dispuestas a entenderte. Los retos conviene que dejarlos para más adelante, o comprender que si no funciona no significa que no vaya a funcionarte en el futuro. Te leo y comparto la frustración de la que hablas y lo que desilusiona poner todo tu esfuerzo y la mejor intención y que no funcione. He estado ahí, y a veces aún me pasa al primer intento. El avance en mi caso es que si no me sale a la primera, sigo intentándolo para intentar llegar a la expresión que quiero. Aún así, lo único que puedes trabajar es lo tuyo. Cómo vaya a recibirlo el de enfrente, o como de dispuesto va a estar a escucharte y mostrar su vulnerabilidad no depende de ti.
      Lo que definitivamente depende de tí es cómo escuchas lo que te dicen. Rosenberg decía que él nunca escuchaba lo que sus interlocutores decían o pensaban, él escuchaba lo que sentían y necesitaban. Es un trabajo de traducción que requiere de nuevo práctica, pero en mi experiencia ¡merece la pena!.
      La CNV se compone de escucha empática y expresión honesta, pero antes de todo eso, el trabajo es interior, para calibrar, antes de ir a escuchar al otro, cómo estás tú con respecto a esa relación y qué quieres decir.
      Te animo a que sigas practicando, con el tesón y la comprensión hacia tus errores que pondrías si estuvieras aprendiendo un idioma nuevo.
      Un abrazo y gracias por comentar!!!

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  3. Creo en la CNV gracias a tí ,que me la presentaste un día de una forma tan poderosa como sus resultados.
    Destilas saber y me entusiasma leerte de nuevo , tan fácil.
    Sigo practicando , intento difundirte, deberíamos comunicarnos ( a veces pienso que solo sería cuestión de eso,sin adjetivo).
    Me pasó hace pocos días, quería decir unas palabras para comenzar un concierto de mis alumnos. Había preparado un discurso sobre la audición y las diferentes visiones que expone Aaron Copland, muy interesante.Venía al caso, todas las familias y amigos estarían allí para escuchar a los alumnos y a veces es complicado el silencio en sala que tanto despista a los que están tocando en ese momento.
    Cuando me puse ahí delante, no dije ni una sola de las palabras previstas, para ser honesta, no recuerdo bien lo que dije , me habló el corazón. Se creó una magia, desde la humildad , desde la ternura , desde el amor.
    Entreno para poder comunicarme desde ese punto de partida.
    Eso aprendo hoy al leerte. Aprendo a Dar espacio, a dejar tiempo, a esperar (aunque eso sea tragar saliva), a no descuidar, a insistir en resolver, a escoger el momento y a recoger el fruto.
    En música para llegar a resolver a tónica al final de una obra, a veces utilizamos un término italiano que es ritardando, que es tocar más lento progresivamente para preparar el final que cuando llega y resuelve , te da una sensación de paz absoluta; pero hay que aguantar la tensión que se crea y controlar muy bien los pasajes, para moverlos como prefieras.
    En alguna ocasión si podría retardar mis palabras, mi comunicación sería más acertada.

    Gracias bella por tu generosidad, una vez más.

    Un abrazo largo !

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    1. Hola Pilar,
      es interesante eso que dices del ritardando, porque precisamente es lo que propone la CNV, ralentizar un poco la situación, darte el espacio y le tiempo que necesites, sobre todo al principio, para encontrar las palabras, el tono y la intención que eliges. Hace tiempo leí un libro que se llama “cuando la jirafa baila con el lobo” y en él su autora, Serena Rust, habla de este concepto y le llama “el paracaidas jirafa”. Cuando estoy a mil por hora dirigiéndome a un lugar que ya conozco y no quiero volver a visitar,a mi me ayuda imaginarme que tiro de la cinta de mi paracaidas y de repente todo va más despacio, puedo ver el suelo con perspectiva y lo mejor de todo….no me voy a estrellar 😉
      ¡Gracias por leerme y comentar!

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