Resistencia al bienestar

Thomas DÀnsembourg habla de este concepto en uno de sus libros.

(…) “si hemos sido educados desde la cuna en medio de tensiones, disputas y malestar afectivo, si hemos creído desde la infancia que agredir al otro es la única manera de hacernos sitio, a no ser que renunciemos por completo a ocuparlo, se desarrolla en nosotros  una especie de resistencia al bienestar, porque puede parecer menos intenso que el malestar y menos tranquilizador por ser desconocido. Se presenta entonces el riesgo de recrear inconscientemente las circunstancias que nos son familiares para recuperar lo conocido y la intensidad.”

Tres conceptos interesantes. El miedo a lo desconocido. La intensidad. Ocupar mi espacio.

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Sobre los tres hay multitud de material disponible. Y se habla de la zona de confort, que más que de confort a veces es una zona de mierda (lamento la expresión, necesaria por descriptiva), pero como es la que conoces, de algún modo, aunque lo que estés viviendo no sea en absoluto satisfactorio, te parece menos amenzante que lo desconocido. Hay mil refranes que certifican este conformismo tristón y carente de esperanza. Y por si eso no fuera suficiente, además de temer lo desconocido, siguiendo el planteamiento propuesto por DÀnsembourg , nos parece menos atractivo porque lo juzgamos menos intenso.  Algo así como que la tranquilidad/estabilidad/calma es sosa. Y anhelamos una suerte de rock and roll todo el tiempo.

Es de locos ¿no te parece? ¿Sólo encontramos intensidad en el malestar? Claro, no todo el mundo ni siempre, pero con bastante frecuencia … Sería estupendo poder saborear la intensidad en los detalles del dia a dia. Olores, sensaciones corporales, sonidos, colores, palabras sueltas. Todos están ahí. Elijo observarlos. Más allá de picos y valles, la belleza de la meseta.

Entre las necesidades básicas con las que trabaja la Comunicación Noviolenta están la seguridad, el sentido y la intensidad. Sin embargo, desde mi punto de vista, la interpretación de estas necesidades  no debería tener que ver con la resistencia al bienestar, sino con una forma de vivir en la que eliges buscar seguridad, sentido e intensidad en otros lugares.

Por ejemplo, seguridad en la confianza de que voy a ser capaz de identificar y alimentar mis necesidades, porque me lo trabajo, lo observo y actúo. Siempre con la agenda, poniendo fecha y hora a mi compromiso conmigo misma.  Si no hay tal compromiso efectivo no funciona. Asumámoslo. Como decía aquella profe de la serie de mi infancia “la fama cuesta”.

El sentido me parece algo tan subjetivo que no me atrevo a disertar sobre él en general. Pero de nuevo, requiere compromiso y acción. No vale solo como reflexión teórica una vez en la vida. Es algo sobre lo que volver cada cierto tiempo. Tampoco como para ponerse cada día en plan intenso a replantearse la existencia…, pero igual cada año si.  ¿Por qué y para qué me dedico a lo que me dedico? ¿Cúales son las prioridades en mi vida? ¿Qué quiero dejar atrás y qué me gustaría aprender?.

Y por último, lo de ocupar el espacio. Acabo de respirar hondo. Y me animo a compartirlo contigo porque estoy aprendiendo a leer mi lenguaje corporal. Y esto de respirar hondo cuando escribo “ocupar el espacio” me dice muchas cosas. Vuelvo a la idea del principio,    (…) “si hemos creído desde la infancia que agredir al otro es la única manera de hacernos sitio, a no ser que renunciemos por completo a ocuparlo” (…) Agredir en sentido amplio, por supuesto, pero agredir. O imponer. Y si no eres de imponer, o renuncias a tu naturaleza y te disfrazas de lo que no eres, o renuncias a ocupar tu espacio. El tuyo, el que te corresponde. El que no es de otro. Espero que esto tenga sentido para alguien más, porque de lo contrario más me vale empezar un diario y dejarme de disertaciones públicas en este blog .¿Cómo lo ves? ¿Tiene sentido para tí?

Este blog ha tenido más visitas de lo habitual ultimamente, y alguien en quien confío y sabe de estas cosas me dijo “tienes que pensar en tus siguientes textos con un sentido estratégico, para posicionar el blog”… en fin… no funciono así. De modo que aquí estoy. Bailando de nuevo como si nadie mirase.

 

María

2 comentarios sobre “Resistencia al bienestar

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