Cuando no hay palabras

Hay un tema que me ronda desde hace tiempo. Lo he estado postergando porque lo consideraba quizá poco aplicable al entorno profesional. Sin embargo, una vez superada la barrera que me impuse cuando incié este blog (escribe algo con sentido profesional….que te conozco y te vas por los cerros de Úbeda), y colocadas en su lugar las expectativas, hoy he decidido darle este espacio. Porque además en el entorno profesional también vivimos estas situaciones.Veamos qué sucede.

He observado muchas veces la dificultad con la que acompañamos a alguien en un duelo. Déjame que pare un momento aquí. Me refiero con duelo no sólo a la etapa que sigue a la pérdida de alguien querido. Ahí todos estamos de acuerdo, y más o menos nos permitimos vivir el duelo, o dejar que otros lo vivan…por lo menos una temporada que estimamos “adecuada”. Sin embargo, ¿cómo vivimos los otros duelos?, incluso a veces los duelos más duros no permitimos que se desarrollen como ellos necesitan desarrollarse. Hay un duelo también cuando pierdo un trabajo, cuando conservando mi trabajo por ejemplo no obtengo el ascenso que esperaba, cuando no obtengo de una relación lo que yo deseaba, aunque me de otras cosas, cuando maduro y veo a mis seres queridos como son, y dejo de exigirles que sean del modo en que los había imaginado, o que me den su apoyo y amor a su manera, y no como yo lo doy o quiero que me lo den. DUELO.  Cada vez que la realidad no se ajusta a lo que uno espera. DUELO. Más grande o más pequeño. Proceso que durará más o menos tiempo. Pero que indudablemente es.

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Y aquí retomo el hilo. ¿Cómo acompañamos a alguien en ese proceso? ¿Qué palabras se nos ocurren? ¿Qué hacemos con nuestros cuerpos? ¿Qué tipo de suposiciones nos guían para actuar?.

No conozco tu experiencia, en lo que yo he vivido, he encontrado personas con muy buena intención y estrategias poco acertadas porque no surten el efecto que buscan. ¿Qué quiere o necesita alguien que pasa por un duelo? ¿Qué suele obtener?.

Recordando los míos, yo quería por un lado espacio e intimidad, por otro y a veces, proximidad física, un abrazo. No recuerdo necesitar muchas palabras, tampoco consejos. El consuelo estaba más bien en la proximidad física y el calor de un abrazo y que me ayudaran a respirar acompasadamente.

Cuando acompaño yo trato de observar a la persona y preguntarle ¿quieres compañía? ¿prefieres estar sola/o?. El lenguaje corporal también indica si quiere o no contacto físico, pero si dudo pregunto directamente ¿te apetece un abrazo?.

Las cosas que me alejan, y creo que a muchas personas también, son aquellas que precisamente hemos aprendido a hacer ante esas situaciones. Las expresiones del tipo “no te preocupes, todo va a salir bien” o “no te lo tomes así, no es para tanto”, “vas a estar mejor sin el/ella/eso”, “venga, no estés triste”, “vamos a dar una vuelta y te animas”, “sal de casa que estás todo el día en la cueva”, “eres una exagerada”, etcétera, etcétera.

Veo que la intención de estás expresiones no es otra que ayudar. A veces de un modo más delicado, a veces de un modo duro. Y a la vez no tienen el efecto de apoyar a la persona que pasa el duelo porque llegan casi como ataques. Quiero decir, que quien las oye lo que escucha es más o menos esto:

“No te preocupes, todo va a salir bien” suele ser escuchado como “me lo dice para que me calme pero no se lo cree ni él o ella. Me está mintiendo”.

“No te lo tomes así, no es para tanto” suele ser escuchado como “esta persona no tiene ni idea de cómo me siento, y le está quitando importancia. No me entiende”.

“Vas a estar mejor sin él/ella/eso” suele ser escuchado de nuevo como ” me lo dice para que me sienta mejor, no porque sepa cómo voy a estar. No me consuela”.

En cuanto a “venga, no estés triste” o “vamos a dar una vuelta y te animas”, no son más que negar y no ver lo que está pasando el otro. Quizá le vendría bien salir, si le apetece, de modo que pregunta algo así como “¿quieres que te acompañe a dar una vuelta?”.

Lo de la cueva y la exageración creo que no es necesario explicarlo, ¿no?.

Las suposiciones de las que hablaba antes no ayudan porque hacen que imaginemos cosas que no sabemos con certeza si son así. Como cuando piensas “no voy a llamarle porque seguro que no le apetece hablar”. Quizá si le apetezca, y pierdes esa oportunidad de acompañar. Puedes mandar un mensaje preguntando directamente ¿te apetece que te llame para charlar?. Se me ocurren muchas, muchas suposiciones y con todas me sucede lo mismo. Son películas que nos montamos según nuestro esquema mental. Y no tienen por qué ajustarse, de hecho es imposible en la medida en que no somos él o ella, a la cabeza de la persona en la que estamos pensando.

Acompañar al otro en lo que vive es respetar precisamente lo que vive. Sin querer sacarle de ahí porque me da miedo o me incomoda contemplarlo sin poder hacer nada.

Sin atender a  la voz tan conocida que te dice “haz algo,¿ no ves que sufre?”, aconséjale, tira de él o ella, sácale de ahí”.  Y escuchando más bien a la otra voz que cuidadosa te guía y te ayuda a observar su lenguaje corporal, a preguntar ¿qué puedo hacer por tí? y si te animas a ello a decirle “¿estás triste? ¿tienes miedo? ¿quieres un abrazo?”.

Es mucho más sencillo que todo lo que hemos aprendido y requiere menos esfuerzo. Acompañar en el duelo es una muestra de amor y aceptación. Estoy contigo en lo que la vida te ha traído ahora. No te exijo que salgas de ahí rápido, acepto que no hay nada que pueda hacer yo para evitarte el dolor. Y estoy aquí para tí, en el modo en el que tú me necesites.

¿Que puedo hacer por tí?

Pd. escribo este texto escuchando a Chopin. Y su música me lleva a alguien muy querido que ya no está. Este texto es para tí, David. Y también para mí. Para honrar lo que vivimos juntos, mi manera torpe de acompañarte entonces. Y el duelo, duro y largo que aún vive en mi por no haberte sabido acompañar de otro modo. Por no haber aprendido antes.

María.

 

 

 

 

 

 

 

 

5 comentarios sobre “Cuando no hay palabras

      1. Y ahí en mi duelo me hallo yo. Un duelo que ni siquiera se si existe porque mi entrenamiento me impide sentirlo, pero que atrapa mis energías y mis ánimos y envuelve mi esperanza.
        Y hablándolo con Nerea no sé si fuese mejor el caer y romper para empezar a reconstruir un nuevo presente, porque en los jarrones rotos el unir los pedazos con pegamento permiten recuperar la compostura pero nunca la fuerza y la belleza perdida.

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      2. ¿conoces el Kintsugi?
        https://culturainquieta.com/es/escultura/item/7840-el-arte-del-kintsugi-o-la-belleza-de-las-cicatrices.html
        Creo que en las cicatrices hay mucha sabiduría y fortaleza. Claro, que hay que trascender del momento en el que estás totalmente roto. Cuando empiezas a reconstruirte, pegar las piezas de tu propio puzle puede ser un ejercicio de aprendizaje muy enriquecedor. Compartir el proceso con personas que puedan apoyarte es liberador y positivo. Un abrazo.
        Sigue navegando.

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