Amor loco

¿Se puede hablar de amor?

No me refiero a amor en su vertiente romántica, ese lo dejo para otro día, sino a su interpretación más amplia.

Hace un par de días escribí sobre el duelo y me gustaría añadir algunas cosas.

Amor loco es el que hemos aprendido.

Te quiero, y como te quiero no quiero que sufras.

Y haré lo que esté en mi mano y más, para evitarlo. Para que salgas de ahí. Porque creo que es lo que esperas. Porque no puedo soportar la idea de no hacerlo. Porque me resulta imposible sostener tu dolor, estar con él, y no rebelarme.

Amor loco es el que evita conversar de asuntos dolorosos porque creo que remueven y amplían tu dolor. Y si estás pasando por un duelo, quizá te deje solo, para no molestarte. O te hable de otras cosas, para distraer tu atención. A lo mejor te saco de casa porque es lo que tienes que hacer para superarlo. O te empuje a que olvides lo que ha sucedido. Y se transforma en tabú. Y tú, protagonista del duelo, por si no tuvieras bastante con tu propio duelo, te encuentras solo. Aún teniéndome físicamente a tu lado.

¿Por qué amamos así? ¿qué hay debajo de esto? ¿qué me pasa a mí con tu dolor?.

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Tememos que el dolor del otro nos inunde. Que nos conquiste y no podamos salir de él.

Tememos sentirnos inútiles. No salvar al ser querido. No tener la respuesta adecuada. No saber rebobinar el tiempo. No poder simplemente evitar que sufras. Y sufrir yo.

Y entonces levantamos un muro invisible pero tan denso y robusto que es casi imposible de derribar.

No es mi intención simplificar. Por supuesto hay miles de situaciones diferentes, y sin embargo el miedo acompaña a muchas. Debajo del amor loco hay miedo y no amor. Amor es aceptación. Como decía en el otro texto: “Acompañar en el duelo es una muestra de amor y aceptación. Estoy contigo en lo que la vida te ha traído ahora. No te exijo que salgas de ahí rápido, acepto que no hay nada que pueda hacer yo para evitarte el dolor. Y estoy aquí para tí, en el modo en el que tú me necesites”.

Disculpa que me repita. Dado el interés suscitado por el tema del duelo me ha parecido oportuno hacerlo.

Dos maestras han inspirado este texto.

Pilar de la Torre, que sin ser consciente me regaló el concepto y su maravilloso nombre, y Miriam Ortiz de Zárate, que después de leer Cuando no hay palabras, me animó a profundizar en el tema. A la dos, gracias por mirarme como me miráis, y por haberme acompañado a donde me daba miedo ir sola.

Y gracias también a todos aquellos que habéis compartido conmigo vuestras experiencias en el duelo. Cristina, Ángeles, Alicia, Beatriz, Luis, Javier, Hortensia, Pablo, Chabe, David V. Sabed que si este texto ha nacido hoy, también es por vuestra generosidad.

 

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